Viajar con un perro, un gato u otro animal de compañía requiere algo más que reservar un alojamiento que admita mascotas. Durante el trayecto, el conductor debe garantizar que el animal no limite sus movimientos, reduzca su campo de visión o interfiera en la atención necesaria para conducir. La normativa española centra la obligación en colocar al animal de manera que no se produzca ninguna interferencia con quien está al volante.
Por este motivo, una mascota tranquila también debe viajar correctamente asegurada. Un frenazo puede convertirla en un elemento peligroso para ella y para los ocupantes, mientras que una reacción inesperada puede distraer al conductor en cuestión de segundos.
¿Es obligatorio llevar a la mascota atada?
La obligación legal se centra en mantener la libertad de movimientos y la atención del conductor. Esto significa que el animal debe permanecer separado de la zona de conducción y sujeto mediante un sistema adecuado a su tamaño.
La DGT recomienda utilizar transportines, arneses o rejillas rígidas, según las características de la mascota y del vehículo. Para animales pequeños, el transportín colocado en el suelo suele ofrecer una buena protección; cuando se trata de un perro grande, puede situarse en el maletero de forma transversal y combinarse con una rejilla divisoria.
Una manta protectora sobre el asiento evita manchas, aunque no impide que el animal se desplace durante una maniobra brusca. Tampoco resulta suficiente sujetar su correa habitual al cinturón, ya que ese elemento no está diseñado para absorber la fuerza generada en una colisión.
Situaciones que pueden ser motivo de multa
La sanción puede aparecer cuando la posición o el comportamiento del animal comprometen la conducción. La cuantía dependerá de la calificación de los hechos y del riesgo apreciado por los agentes, por lo que conviene evitar estas situaciones:
- Llevar a la mascota suelta por el habitáculo. El animal puede acercarse a los pedales, desplazarse entre los asientos o saltar sobre el conductor. Aunque permanezca tumbado durante parte del viaje, seguirá sin contar con una retención efectiva.
- Permitir que viaje sobre las piernas del conductor. Esta posición reduce la capacidad para manejar el volante y reaccionar ante una situación imprevista. También expone al animal al impacto directo del airbag.
- Colocar un transportín sin asegurar. Un transportín situado sobre el asiento puede salir despedido. En animales pequeños suele ser más seguro colocarlo en el suelo, detrás de los asientos delanteros.
- Utilizar un enganche demasiado largo. El sistema puede permitir que el perro alcance la zona del conductor. Debe limitar su desplazamiento sin ejercer presión sobre el cuello.
- Abrir una puerta sin controlar al animal. En áreas de servicio o aparcamientos, una salida repentina puede provocar un atropello o crear un riesgo para otros usuarios.
La Ley de Tráfico establece con carácter general que las infracciones leves pueden sancionarse con hasta 100 euros y las graves con 200 euros. La aplicación concreta dependerá de cómo se valore la conducta, dado que el problema está en la interferencia y el peligro creados.
Qué ocurre si la mascota provoca un accidente
Cuando el animal va suelto y causa una distracción, la responsabilidad puede recaer en el conductor. La aseguradora atenderá los daños causados a terceros dentro de los límites del seguro obligatorio, aunque pueden surgir conflictos si concurre alguna causa de repetición prevista legalmente.
La cobertura frente a terceros tampoco convierte en indemnizable cualquier consecuencia del siniestro. El seguro obligatorio cubre la responsabilidad civil por los daños personales y materiales sufridos por los perjudicados, mientras que excluye los daños del propio vehículo, los del conductor responsable y determinados bienes transportados.
¿El seguro cubre las lesiones de la mascota?
Los gastos veterinarios de la mascota que viaja en el vehículo propio no quedan cubiertos automáticamente por el seguro obligatorio. Algunas pólizas incorporan asistencia para animales, una indemnización por fallecimiento o el reembolso de la atención veterinaria tras un accidente. Estas garantías son voluntarias y pueden tener límites económicos o condiciones específicas.
Cuando el accidente ha sido causado por otro vehículo, los gastos veterinarios pueden reclamarse al responsable y a su aseguradora, siempre que se acredite su relación con el siniestro. Conviene conservar las facturas y los informes veterinarios para justificar el tratamiento recibido.
También hay que distinguir los daños ocasionados por la mascota al interior del coche. Los arañazos en la tapicería o la rotura de una pieza normalmente no forman parte de la cobertura ordinaria. Incluso en una póliza a todo riesgo pueden existir exclusiones, de modo que la respuesta dependerá de las condiciones contratadas.
Documentación y precauciones antes de salir
Durante un desplazamiento por España conviene llevar la cartilla sanitaria actualizada y comprobar que el microchip está correctamente registrado. Para viajar dentro de la Unión Europea será necesario disponer del pasaporte para animales de compañía y cumplir los requisitos sanitarios del país de destino.
También es recomendable acostumbrar al animal al sistema de retención antes del viaje. Estrenarlo el mismo día puede aumentar su nerviosismo. En trayectos largos, las paradas deben realizarse en lugares seguros y con la mascota controlada desde el momento en que se abre el vehículo.
Un viaje tranquilo empieza antes de arrancar
Preparar el equipaje y elegir la ruta son solo una parte del viaje. Revisar cómo irá sujeta tu mascota y conocer las coberturas de la póliza evita que una incidencia termine en una multa o en un gasto inesperado. En Gestiauto podemos ayudarte con los trámites relacionados con tu vehículo para que salgas de vacaciones con la documentación en orden y dediques tu atención a disfrutar del camino.